Nadie podría igualar la voz de ese diminuto personaje

House of the Rising Sun. Cuando escuchaba esta canción pensaba que nadie podría atreverse a versionarla. Tenía al menos tres teorías por las que creía que eso era imposible:

Primera teoría: era una pieza única, inimitable.

Segunda teoría: nadie podría atreverse a imitar esa voz.

Tercera teoría: nadie podría igualar la voz de ese diminuto personaje.

Me equivoqué, mis teorías se fueron por el retrete cuando me enteré que esta canción no era de los Animals. Los ingleses la popularizaron alrededor del mundo. Fue su hit, su gloria y su gran aporte a la humanidad. Pero en realidad es una canción folk de los Estados Unidos, una de esas canciones de las que se pierde el rastro de su compositor.

Cuando le preguntaron ¿por qué esa versión? El vocalista no dio vueltas en decir: “Estábamos buscando una canción que captara la atención de la gente”. Y sí que lo lograron, en el mismo 1964 House of the Rising Sun llega al primer lugar en el Reino Unido y resulta ser el número uno de la “invasión británica” en los Estados Unidos.

Ahí se cae mi primer teoría. Los imitadores en realidad eran ellos.
Encuentro una versión de Tom Clarence Ashley & Gwen Foster que dice ser de 1933, aunque dista mucho de la versión de los ingleses.
Pero Bob Dylan, Joan Baez y Nina Simone también registran la canción antes que The Animals y ahí sí ya se iba dando forma a lo que llega a ser la canción que con el teclado magnético de Alan Price y la particular voz de Eric Burdon se transforma en una poderosa arma para erizar la piel.

De todas formas la gracia no la encuentro en mirar atrás, sino adelante. Mi segunda teoría decía que nadie podría atreverse a imitar esa voz: También estaba equivocado.

No solo se atrevieron a versionar la canción. Sino que también se tradujo a infinidad de idiomas.
Los colombianos The Speakers, Los Iracundos de Uruguay, el argentino Sandro y los de Fuego la hicieron propia en su castellano, escalando a los primeros grandes éxitos del rock en español.

La canción se transformó en una de canciones más versionadas. El apogeo de versionadores estuvo entre la segunda mitad de los 60 y los primeros 70, seguramente buscando un puesto en las listas de cada país y casi siempre lográndolo. Pero nunca pararon de salir versiones. Dando un paseo por YouTube encontré de todo, desde la versión reggae de Gregory Isaacs, pasando por versiones en chino, alemán, italiano, catalán. Y así llegué a unos finlandeses que la recrean en la comodidad de su hogar, el cantante abandona el concepto teatral de Burdon, está sentado, lee la letra. Hay cosas que no se deberían permitir. También encontré una versión en portugués, femenina, muy íntima. Hasta encontré una versión en quechua hecha por una niña peruana.
Encontré cosas que era mejor no encontrar, pero el hallazgo de los excéntricos Santa Esmeralda dejando con la boca abierta al público chileno en el festival Viña del Mar 79 es increíble, la estiran a diez minutos en una versión flamenco-lisérgica-disco no apta para todo público.

Ahora la propuesta es que veas todos estos vídeos. Si logras escuchar de un tirón al menos la mitad de estas versiones es muy probable que tengas una revelación. Yo la tuve, no la cuento pero la tuve.

Ah, y eso sí. La tercer teoría no se me cayó. Nadie pudo igualar la inmensa voz de ese diminuto personaje.

Txt: Pol Tax


Aquí van algunos vídeos. Vamos, anímate…