Mi foto de los Buzzcocks

Cuando estudié fotografía me enseñaban a medir la sensibilidad de la luz, la velocidad de obturación y me hablaban sobre el diafragma y la profundidad de campo. Quizás los golpes que recibí en el mosh pit ayudaron a olvidarme un poco de todo eso, pero lo que no olvidé nunca es que la fotografía es un instante.

Si sonaba “Ever fallen in love” o “Sixteen again” no lo puedo recordar, pero sí recuerdo el sudor que envolvía mi cuerpo y creo que el de todas las almas que compartíamos (momentáneamente) techo en esa Sala Apolo de Barcelona. Si me apuro también puedo recordar los golpes que daba y recibía en nombre de eso que llamamos pogo.

Pero en uno de los instantes que parecen querer ser eternos saqué una camarita digital de mi bolsillo y apreté el botón de disparo.
La cámara fotográfica en cuestión pretendía llamarse Olympus, pero en realidad era una copia barata que había comprado hacía un tiempo en Paraguay. Las cosas baratas tienen la ventaja o desventaja de acompañarte a los sitios más inhóspitos, porque si les pasa algo no las echarás tanto de menos. “Claro, como era barata”. Qué injustos somos!

La foto retrata al instante en que  Steve Diggle es más rockstar que Steve Diggle, aunque ni se lo reconozca. Y quizás por eso es mi foto preferida de los Buzzcocks.
Esa misma noche Diggle salió a escena descorchando un champagne y al finalizar el set bajo del escenario para saludar a los que estábamos ahí, en el frente.

Txt: Pol Tax