De como Jim conoció a Nico

Yo estaba en Los Ángeles, alojado en el Castle, con Edie Sedgwick y Nico, que estaba en Hollywood por alguna razón que no recuerdo. El Castle era una casa de dos pisos, propiedad de alguna reina de Hollywood que la alquilaba a grupos de rock. Todo el mundo se había alojado allí, Dylan, los Jefferson Airplane, la Velvet. La propietaria la alquilaba a los grupos porque la casa estaba en estado ruinoso, y le daba igual lo que le pudiera ocurrir.

Antes de llegar, había estado en San Francisco viendo a los Doors en el Winterland. Después del concierto, fui a los camerinos y me encontré a Morrison rodeado de groupies, muy feas y desaliñadas. Pensé que aquello era malo para su imagen, y me propuse que Morrison se liara con Nico. Fue un shiddach, que en yiddish significa juntar a una pareja, hacer de celestina. Quería que conociera a Nico, se enamorara de ella, y se diera cuenta del tipo de chicas con las que debía salir. Fue muy manipulador por mi parte. En realidad no era asunto mío, pero…

Nunca he sentido ningún respeto por Oliver Stone, y después de ver la escena el encuentro de Morrison con Nico en la película de los Doors… “Hola, soy Nico, ¿quieres acostarte conmigo?”. La realidad no pudo ser más distinta.

Lo que pasó fue que me encontré con Morrison en las oficinas de Elektra, y él me siguió hasta el Castle en un coche alquilado.
Morrison entró en la cocina, y allí estaba Nico y empezaron a mirarse y rodearse mutuamente.
Entonces se quedaron mirado al suelo, sin decir nada. Eran demasiado poéticos para decir algo. Entre ellos se creó un rollo aburrido, silencioso y poético, una reunión mística. Creo que Morrison le tiró del pelo, y después empezó a ponerse muy borracho, mientras yo le suministraba los restos de droga que Edie Sedgwick no me había robado.

En aquellos días nunca viajaba sin mi pequeño suministro. Mi padre era médico, y yo tenía aceso a todo tipo de drogas, reds, yellows, blacks, tuinales, todo… Había vivido con Edie en Nueva York, y sabía que era una cleptómana de gran habilidad, sobre todo cuando se trataba de drogas. Edie tenía una nariz de sabueso para esas cosas. En cuanto llegamos al Castle, y Edie giró la espalda -estaba dando un beso de despedida a Dino Valenti-, me escabullí en el piso de arriba y escondí las drogas debajo de un doble colchón en una de las habitaciones traseras.
Cuando más tarde fui a buscarlas, habían desaparecido casi todas. Edie las había encontrado. Cogí un poco de ácido que quedaba y se lo dí a Morrison, que se colocó tanto y se puso tan borracho que quiso largarse con el coche.

Entonces quité las llaves del contacto y las escondí debajo del felpudo del coche. Tenía miedo de que se despeñara por un acantilado. Yo estaba allí cobrando de Elektra, y no hubiera quedado bien que el cantante se matara porque el publicista le había puesto hasta el culo de todo. Preferí secuestrarlo.

En el Castle no había teléfono. No podía salir de allí. El sabía que yo le había quitado las llaves, pero iba demasiado colocado….
Al final me fui a dormir.

Cuando ya dormía, Nico entró en mi habitación, gritando, “Me va matar! Me va a matar!”.
“Déjame en paz, Nico, estoy durmiendo”, le contesté yo.
Estaba sollozano “Uuuuuuhh huu huu”. Entonces volvió fuera y la oí gritar. Miré por la ventana y lo vi a Morrison en el patio, tirando a Nico del pelo, así que volví a la cama. Al cabo de un rato, David Numan, que también estaba alojado en el Castle, me volvió a despertar y dijo “Sal a ver esto”. Entonces vi a Nico en la entrada, llorando todavía; y a Morrison encaramado al tejado, desnudo a la luz de la luna, saltando de un torreón al otro, mientras Nico sollozaba.

Me volví a dormir, y eso fue todo. Le tiró del pelo, caminó desnudo, ella gritó, y yo le escondí las llaves durante un día o dos, hasta que se recuperó. Y desde aquel día, por supuesto, me odió por haberle secuestrado.

Txt: Danny Fields

Extraído del libro Por favor mátame

por favor matame libro