Dejamos de ser rockers y teddy boys para convertirnos en “travoltas”

Dejamos de ser rockers y teddy boys para convertirnos en “travoltas”, la peor pesadilla hecha realidad. Las peleas en las calles no tardan en llegar, mezclando mala leche adolescente con la defensa de nuestra propia identidad, usurpada por un pelucón de Hollywood.

Con los primeros carteles en las calles, anunciando el estreno, la situación se vuelve insoportable. El cine Aribau está junto a Marienbad, ése es nuestro territorio. Para terminar de joderla, decidimos abortar el estreno.
Una larga cola da la vuelta a la manzana y pienso: “Hummm, problemas.”

El nerviosismo es palpable entre todos nosotros, algunos no han hecho acto de presencia, los punks del Abra se unen a la fiesta, me acerco con Lucky a una cabina telefónica para comprobar si están en camino.
Lucky es rara avis: hablamos a menudo de nuestros ídolos de infancia, de los Sweet, Slade, Marc Bolan, Bowie… Y me descubre a los New York Dolls, unos tipos que salen al escenario vestidos de mujer. Le gusta el rock and roll clásico y no se corta nada.

Al abrir la puerta con brío no me percato de que está desencajada. Se me viene encima. La gente que espera en la cola y que hasta ahora no ha hecho ningún comentario se queda alucinada, y yo, envuelto en una situación ya de por sí ridícula, en el suelo, no consigo desprenderme de la puta puerta ni de la cristalera, que ha reventado al caer.
Lucky intenta rescatarme entre el griterío reinante.

El ataque se precipita sin ton ni son. Las marquesinas del cine saltan por los aires. Arrasando lo que encuentran a su paso, algunos se dedican a provocar a los transeúntes.
Minutos de heroica confusión que terminan con algún puñetazo que no llega a su destino, caídas tontas y despiste absoluto. Creyendo que somos perseguidos por toda la policía de Barcelona, salimos en desbandada.

La acción cuenta con la simpatía de algunos indecisos que toman partido por nuestra noble causa, no importa si entre nosotros se mezclan teddy boys, rockers o punks.

En esto, así es, la culpa de todo la tienen los Ramones, que consiguen unirnos a todos en su música frente al enemigo común: la realidad.

Txt: Loquillo

Extraído del libro Barcelona Ciudad

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